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Palabras que ayudan a despedirse bien

“Estoy prostrada en la cama convalenciente de una doble conjuntivitis aguda. El fuerte dolor en los ojos y la imposibilidad de abrirlos me retienen bajo las mantas. Pero en estos momentos siento una clase de dolor no físico. Acabo de darme cuenta de que esta infección en los ojos ha coincidido con el día de aniversario de la muerte de mi padre. Así pues, aquí estoy, sin poder moverme de la cama, sumida en el recuerdo de mi padre, cuando de repente me siento presa de emociones que crecen en mi interior como una poderosa marea y acaban por engullirme. Me echo a llorar desconsoladamente. Todas las lágrimas que no derramé en su día cuando murió, las vierto ahora. Toda la pena acumulada. Porque en aquella época, siete años atrás, lo que hice fue reprimir mi dolor. Quería aparecer serena ante los demás, dueña de la situación. Hice lo que tanta gente hace en tales circunstancias, no dejar aflorar los sentimientos, ya que en nuestra sociedad no hay lugar para quienes lloran abiertamente la pérdida de un ser querido. Entonces no hubo nadie a mi lado que me ayudara a exteriorizar mi pena. La sociedad juzga anormal la depresión por la que atraviesan las personas tras la pérdida de un familiar y acaban enviándote al médico para que te recete antidepresivos. Lo que se acostumbra a hacer es distraerte, tratar de convencerte de que pienses en otra cosa o de otra manera… En una palabra, se te hace ver que tu pena resulta molesta e incluso provoca dolor en los demás.

Quizás nos equivocamos al obrar de este modo. En tales momentos tal vez solo necesitamos hablar de la persona a la que hemos perdido, explicar a los demás las circunstancias de su muerte. Y claro que esto provoca lágrimas. Pero es bueno llorar en presencia de los amigos, sentir que no pasa nada si lo hacemos, y es bueno también recordar juntos los momentos vividos con aquel que se ha ido para siempre. Es beneficioso hablar de los reproches y los rencores, de los remordimientos, si es que los tenemos, y, por qué no, de la rebelión que sentimos ante la muerte. Todo esto forma parte del duelo auténtico y sincero que produce misteriosamente en nuestro interior un estado de abandono que un día nos permitirá despertar liberados y llenos de energía recobrada para la vida.”

Marie de HennezelLa muerte íntima. Los que van a morir nos enseñan a vivir. Traducción de Jordi Giménez Samanes. Plaza&Janés Editores S.A. Primera edición Febrero, 1996

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